Durante décadas, las experiencias cercanas a la muerte (ECM) han cautivado la imaginación popular. Relatos de túneles oscuros con luces brillantes al fondo, visiones extracorporales, sensaciones de flotar fuera del cuerpo o encuentros con seres queridos fallecidos han servido como columna vertebral para creencias sobre la supervivencia de la conciencia después del paro cardíaco.
Sin
embargo, lo que durante mucho tiempo perteneció al terreno de lo preternatural,
está hoy plenamente cartografiado por la neurociencia moderna. La experiencia
cercana a la muerte no es una ventana al más allá, sino el último e intrincado
mecanismo de defensa al inicio de la desintegración del cerebro humano.
Desentrañar
las “ECM” no requiere recurrir al dualismo alma-cuerpo, sino comprender la
biología bajo condiciones extremas. Cuando el corazón se detiene y la
circulación sanguínea cesa, el cerebro experimenta una falta de oxígeno y una drástica
disminución del flujo sanguíneo.
Lejos de
"apagarse" instantáneamente como una bombilla desconectada, el
cerebro moribundo entra en un estado paradójico de hiperactividad transitoria y
desorganización neuroquímica. Uno de los fenómenos más citados es la autoscopia
o "experiencia fuera del cuerpo", donde los pacientes incluso afirman
haberse visto a sí mismos desde el techo del quirófano.
La
neurología ha demostrado que esta sensación no responde a un desprendimiento
espiritual, sino a un fallo de integración sensorial en la unión
temporoparietal (UTP). Esta región del cerebro es la encargada de procesar las
señales cinestésicas, visuales y vestibulares para construir nuestra noción de
ubicación espacial.
Experimentos,
como los del neurocientífico Olaf Blanke, han logrado replicar la sensación de
flotar fuera del cuerpo mediante la estimulación eléctrica focalizada de la UTP
en pacientes despiertos. Cuando el oxígeno cae, esta zona colapsa y la
representación mental de nuestro propio cuerpo se desincroniza del plano
físico.
Por su
parte, la clásica "luz al final del túnel" encuentra una explicación
fisiológica simple en la corteza visual. Ante la falta de irrigación sanguínea,
la periferia de la retina y las zonas periféricas del córtex visual primario
dejan de funcionar antes que el centro, debido a su mayor vulnerabilidad a la
hipoxia. El resultado es una pérdida progresiva de la visión periférica,
conocida como visión en túnel, mientras el centro del campo visual retiene por
unos instantes la actividad, creando la percepción de avanzar hacia una masa
luminosa central.
Pero ¿cómo
se explican la gran paz, la ausencia de dolor y el reencuentro con “recuerdos
olvidados”? En momentos de estrés fisiológico extremo, el sistema nervioso
desencadena una tormenta neuroquímica masiva. Se produce una liberación masiva
de endorfinas y neurotransmisores, como la dopamina, que actúan como un
anestésico y ansiolítico natural para amortiguar el trauma del colapso
orgánico. Además, la pérdida de inhibición en circuitos del lóbulo temporal
produce una hiperactivación de la memoria autobiográfica, desplegando la famosa
"película de la vida".
En años
recientes, estudios liderados por la investigadora Jimo Borjigin, en la
Universidad de Michigan, aportaron evidencias contundentes en modelos animales
y observaciones clínicas humanas. Al monitorizar la electroencefalografía en el
momento de la parada cardíaca, detectaron un brote repentino de ondas gamma
altamente sincronizadas en los primeros 30 segundos tras la interrupción
clínica del flujo sanguíneo.
Esta
ráfaga de hiperconectividad cerebral, superior incluso a los niveles
registrados en estado de vigilia consciente, sugiere que el cerebro realiza un
último esfuerzo de procesamiento perceptivo hiperdenso justo antes del cese
irreversible de sus funciones.
El deseo
de creer en una continuidad tras la muerte cerebral en realidad es una
necesidad creada. Las experiencias cercanas a la muerte son “verdaderas” netamente
como vivencias subjetivas y muy intensas para quienes las experimentan, pero la
equivocación reside en la interpretación de su origen.
No
constituyen una prueba de un plano trascendental, sino la manifestación biológica
de la masa cerebral luchando contra la asfixia mediante alucinaciones complejas,
cascadas hormonales y desconexiones sensoriales.
Aceptar
que la "luz al final del túnel" no es una puerta hacia otra
dimensión, sino la última chispa de nuestra sofisticada red neuronal, no resta
belleza ni misterio a nuestra existencia. Por el contrario, revela el asombroso
grado de complejidad de un órgano que, hasta en sus últimos segundos, despliega
mecanismos fascinantes para dar su último paso en el umbral de la vida.
La muerte
sólo es un paso más en el proceso de la vida, que debemos aceptarlo por lo que
es, el regreso a lo que somos básicamente, simple materia que forma parte del
Universo, y que al final de ese camino regresa a su lugar de origen.
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*Bibliografía
que refuta las ECM:
1.
Blanke, O., & Arzy, S. (2005). The out-of-body experience: Disturbed
self-processing at the temporoparietal junction.* The Neuroscientist, 11(1),
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2.
Borjigin, J., Lee, U., Liu, T., Pal, D., Huff, S., Klarr, D., ... &
Mashour, G. A. (2013). Surge of neurophysiological coherence and connectivity
in the dying brain. Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS),
110(35), 14432-14437.
3. Borjigin, J., et al. (2023). Surge of
neurophysiological coupling and connectivity of gamma oscillations in the dying
human brain. Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), 120(19),
e2216268120.
4. Greyson, B. (2000). Near-death experiences. In
E. Cardeña, S. J. Lynn, & S. Krippner (Eds.), Varieties of anomalous
experience: Examining the scientific evidence (pp. 315–352). American
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Jansen, A. S., van Nguyen, X., Karpitskiy, V., Mettenleiter, T. C., &
Loewy, A. D. (1995). Central command neurons of the sympathetic nervous system:
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6. Mobbs,
D., & Watt, C. (2011). There is nothing paranormal about near-death
experiences: how neuroscience explains seeing lights, meeting dead relatives,
and walking to the tunnel. Trends in Cognitive Sciences, 15(10), 447-457.
7. Parnia,
S., et al. (2014). AWARE—AWAreness during Resuscitation—A prospective study.
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