En el fragor del debate en redes, pareciera que la necedad le gana la batalla a los datos. Sin embargo, cuando hablamos de salud pública y derechos reproductivos, las palabras tienen consecuencias reales. Para legislar y opinar con responsabilidad, es imperativo separar el dogma y las creencias de la evidencia verificable.
Analicemos
cuatro de los pilares argumentales (posverdades) más comunes usados por los opinólogos
“próvida” en contra del derecho a la interrupción del embarazo, a la luz de la
ciencia.
Posverdad:
“La ciencia afirma que la vida inicia desde la concepción”.
La
biología reconoce que la fecundación crea una célula con un nuevo ADN único,
pero la "vida" es un continuo biológico, hay vida desde antes en el
espermatozoide y el ovulo. El consenso científico y bioético moderno hace plena
diferencia entre la vida biológica, presente en cualquier célula viva, y la persona
jurídica y funcional.
Que
“muchos” de biólogos opinen que “la vida inicia en la concepción”, no significa
que eso sea un hecho real verificado. En el 2021 se hizo una encuesta ("The
Scientific Consensus on When a Human’s Life Begins" de Steven Andrew
Jacobs, publicado en Issues in Law & Medicine, Vol. 36, No. 2, 2021) en la
cual se contactó a 62,469 biólogos para cuestionarles esto, y sólo el 5,577 (apenas
un 8.93%) respondió que cree en eso. Esto expuso un muy evidente sesgo en el
muestreo, evidenció la autoselección y el método de reclutamiento de listas
institucionales, que no representa a todos los biólogos, y esto minimiza totalmente
la representatividad del estudio.
La
mayoría de las legislaciones y organismos de salud, como la OMS, se basan en datos
duros sobre el desarrollo neurológico. Hasta la semana 24, aproximadamente, el
feto no posee las conexiones corticales necesarias para procesar el dolor o
tener conciencia. De hecho, la ciencia no tiene una postura unánime sobre
cuándo comienza la "persona"; esa es una interpretación ideológica,
no un hecho biológico absoluto que dicte políticas de salud.
Posverdad:
“El aborto mata a un bebé inocente”.
El uso
del término "bebé" en etapas embrionarias es una evidente e
intencional imprecisión técnica utilizada para apelar a la emocionalidad.
En
medicina, el desarrollo prenatal se divide en 3 etapas: Cigoto, embrión y feto.
La gran mayoría de los abortos legales, más del 90%, ocurren en el primer
trimestre, cuando el producto es un embrión de pocos milímetros sin órganos
funcionales ni viabilidad extrauterina. Un feto no es un "bebé" hasta
que nace. Legalmente, los derechos de personalidad se adquieren al nacer vivo,
según la mayoría de los códigos civiles internacionales.
Posverdad:
“El aborto oculta al violador para seguir abusando de la víctima”.
Este
argumento sugiere que la interrupción del embarazo es un cómplice del agresor,
cuando la realidad operativa de los sistemas de salud, en realidad, es la
opuesta. En los protocolos de interrupción voluntaria del embarazo por
violación, el personal de salud actúa como sujeto obligado de denuncia. El
acceso al sistema de salud permite recolectar muestras de ADN fetal (pruebas
periciales) y activar rutas de protección para la víctima que, de otro modo,
permanecería en la sombra.
Obligar a
una niña, o mujer, a parir el fruto de una agresión sexual, no castiga al
violador, en realidad se castiga con eso a la víctima, profundizando el trauma
y su vulnerabilidad social. Es una total atrocidad.
Posverdad:
“El aborto trauma a la niña de por vida”.
Este es
quizá uno de los mitos más extendidos, a pesar de haber sido desmentido por las
asociaciones de psicología más prestigiosas del mundo. Por mencionar uno, el
ANSIRH (Advancing New Standards in Reproductive Health) de la Universidad de
California, San Francisco, realizó un muy completo estudio, el Turnaway Study,
que demostró que no existe un "síndrome post-aborto". De hecho, el
sentimiento prevalente en mujeres tras un aborto legal es el alivio.
Los problemas
de salud mental tras un aborto están correlacionados con el estigma social, la
falta de apoyo o trastornos previos, no con el procedimiento en sí. Por el
contrario, a las mujeres a las que se les niega un aborto presentan mayores
niveles de ansiedad y menores indicadores de bienestar económico y físico a
largo plazo.
Personalmente
he conocido a mujeres que han abortado, y ninguna se ha tenido que arrepentir
por ello, a pesar de que individuos de ideología oscurantista intentaron atacarlas
y reprocharles el hecho. Hoy son mujeres felices y que viven en paz y armonía
en sus familias.
El debate
sobre el aborto debe migrar de las percepciones subjetivas a la seguridad
clínica. La irracional criminalización no impide los abortos, solo los hace
peligrosos para quienes no tienen recursos. Los datos son claros, el acceso al
aborto legal es una medida de salud pública que salva vidas y garantiza la auténtica
autonomía humana.
La
libertad de conciencia no consiste en imponer la propia a los demás, sino en
permitir que cada individuo decida sobre su propio proyecto de vida basándose
en la mejor información disponible.
El feto
está dentro del cuerpo de la mujer, vive de ella, por lo que ella tiene todo el
derecho del mundo a elegir su futuro. Les guste o no, el aborto es un derecho
de toda mujer.
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