A ver... Piensa en 1968. El mundo miraba hacia la Luna, la ciencia se vía como una religión y todo era posible. En ese vacío apareció Erich von Däniken con "Recuerdos del Futuro", un libro que no vendía respuestas, sino una sensación: la de ser parte de un secreto que los académicos "dogmáticos" no querían que supieras.
Su fórmula fue brillante y peligrosa. En lugar de admirar el ingenio humano, la convirtió en sospecha. Si las pirámides de Egipto, las líneas de Nazca o los templos mayas te parecían demasiado complejos, von Däniken te daba la salida fácil: "No pudieron hacerlo ellos solos". Su argumento, disfrazado de escepticismo, era en realidad un monumental insulto a las civilizaciones antiguas, especialmente a las no europeas. Era decirles: "Tu pasado es demasiado grandioso para que sea tuyo".
Las Tres Grandes Mentiras (y por qué todavía aplican)
1. "Si yo no puedo explicarlo, es imposible".
Convirtió nuestra ignorancia momentánea en una especie de "prueba negativa" que funcionaba para todo. Es el camino opuesto a la ciencia y al aprendizaje honesto, que exige tiempo, humildad y esfuerzo. Él ofrecía alivio inmediato: la satisfacción de sentirte especial por "ver la verdad" que otros, demasiado tontos o sumisos, no ven.
2. "El mito es un manual técnico mal traducido".
Para von Däniken, los carros de fuego de Ezequiel eran naves, los dioses eran astronautas y la poesía sagrada era un instructivo o algo parecido. Esto no es imaginación, es una literalidad exagerada, si eso es posible. Reduce la profunda riqueza simbólica, espiritual y emocional de las culturas antiguas a un aburrido manual de instrucciones interestelar. Es como leer Pedro Páramo buscando indicaciones del clima de la zona en la que se ubica la historia (creo que era Colima, corríjanme si me equivoco).
3. "La ciencia lo oculta".
Este es el legado más tóxico y vigente. Cada vez que sus datos eran refutados, la respuesta no era corregir, sino acusar: arqueólogos corruptos, universidades sectarias, una conspiración global para esconder "la verdad". ¿Te suena? Es el mecanismo retórico idéntico al terraplanismo, el movimiento antivacunas y cualquier teoría que empiece con "Ellos no quieren que sepas". No es escepticismo; es credulidad selectiva.
La Bomba de Humo Llamada "¿Y Si Es Cierto?"
Siempre aparece la objeción: "¿Pero y si realmente hubo contacto extraterrestre? ¿No deberíamos estar abiertos?". Pues claro que sí. La clave está en una distinción que el danikenismo borra a conciencia:
Posibilidad no es probabilidad. Y probabilidad no es evidencia. Que algo pueda haber pasado no significa que haya pasado. Negar de plano la posibilidad de vida extraterrestre sería dogmático. Afirmar un contacto ancestral sin una sola prueba verificable también lo es. Ambos sustituyen la pregunta por la certeza y la investigación por la fe.
La ciencia, cuando funciona, no promete verdades definitivas, sino un método para no engañarnos tan rápido. Si algún día aparece evidencia irrefutable (un artefacto tecnológico inequívoco, una señal reproducible), la comunidad científica no lo ocultará: lo celebrará como el mayor hallazgo de la historia.
Mientras tanto, lo irónico es que no necesitamos aliens para maravillarnos. La verdadera historia humana es más alucinante: personas que, sin acero ni motores, levantaron montañas de piedra; que midieron el cosmos a ojo desnudo; que pensaron el tiempo y la eternidad sin ayuda de Google. Menospreciar ese logro adjudicándoselo a visitantes es robarles su mayor legado: su humanidad genial.
Al final, von Däniken no vendía arqueología, ni siquiera misterio. Vendía un atajo emocional: la ilusión de despertar en un cuento donde tú eres el personaje listo. Pero como bien dijo alguien: "No es que estén despiertos... es que siguen soñando, pero ahora con efectos especiales".